Blog SAM · Entrada 05
Cuando el azúcar también nos salva la vida
Qué irónico es que te diagnostiquen diabetes y que sea el azúcar lo que te salve la vida prácticamente todos los días. Hoy te contamos nuestras experiencias con los bajones de azúcar, qué consume cada una para tratarlos y qué dice la teoría — para tener la información clara cuando una hipoglucemia te pille, o te pille a ti, a tu hijo o a quien tengas a cargo.
1Una diferencia clave
En una hay tiempo. En la otra, no
En la práctica hay un consejo que, al menos a nosotras, nos ha servido mucho: en las hiperglucemias hay tiempo para analizar, pensar y actuar. En las hipoglucemias no hay tiempo — hay que actuar. Esperar puede ser grave e incluso mortal.
Porque sí: las hipoglucemias son parte de la diabetes tipo 1 y, aunque con el tiempo aprendemos a manejarlas, eso no significa que dejen de asustar.
Cuando les decimos que las hipoglucemias nos han generado crisis de pánico, no mentimos. Y no, la idea de este blog no es asustarlas. Al contrario: con el tiempo, y a pesar del miedo, aprendimos que uno actúa mucho mejor cuando logra razonar y no deja que el pánico invada la cabeza y el cuerpo. Pero también somos humanas, y cuando aparece un bajón en medio del caos de la rutina, pesa.
2Cote cuenta
La vez que el miedo realmente me ganó
Amelia debutó a los 11 meses de vida. Ella no había probado el azúcar jamás. Era tan pequeña que darle un dulce podía significar incluso un riesgo de atragantamiento, así que desde su debut nuestra solución frente a las bajas siempre fueron los jugos 100% fruta. Ese era nuestro plan A, B y C.
Pero ¿saben lo que significa tomar jugo todos los días? Mientras juegas. Apenas te levantas. Antes de dormir. En la madrugada. Una y otra vez. Exacto: llega un punto en que no quieres ver, oler ni probar un sorbo más de ningún sabor que exista.
Y justo en ese momento de rechazo, sumado a un virus respiratorio que la tenía con muchísimo decaimiento...
PUM. Bajón de azúcar en pleno centro comercial. 70 de glucemia y tres flechas hacia abajo.
Primer intento de jugo: negado. Segundo intento — unas galletas con azúcar que compramos desesperadamente ahí mismo — negado. Y recién ahí me invadió el miedo. ¿Cómo una niña de un año y dos meses podía no querer probar una galleta extremadamente chocolatosa? ¿Cómo podía estar bajando y, al mismo tiempo, rechazar todo lo que yo intentaba darle?
Tercer intento de jugo: negadísimo. Ahí ya no lo pensé más: "Mamá, algo le pasa. Está decayendo y no me acepta nada. Vamos YA a urgencias".
Nos subimos al auto. Ella estaba cada vez más adormilada, sus ojitos se cerraban y seguía sin aceptar nada. Abrí un sachet de azúcar para ponerle en la encía. Nada funcionaba.
Minutos después: un pinchazo de glucagón en la pierna.
No sabía exactamente qué iba a pasar. Era la primera vez que lo usaba. Pero la adrenalina hizo que actuara sin pensarlo demasiado. Mi mamá, mientras tanto, iba en el auto rapidísimo. A los pocos minutos llegamos a urgencias. Gracias a Dios fue un susto que no pasó a mayores y, gracias al glucagón, logramos actuar frente a esa emergencia.
Desde ahí le agarré pavor a las bajas. A pesar de que era muy pequeña, empecé a ofrecerle dulces, el único gel del mercado apto para ella y sin cafeína, jugos, azúcar... lo que fuese. Menos miel, porque todavía era demasiado pequeña para consumirla.
Hoy, además de todo lo anterior, algo que nos funciona súper bien son las mermeladas 100% fruta y la miel. Sin embargo, para momentos de bajas muy intensas, siempre vamos a priorizar lo que sea más rápido y seguro de administrar según la situación y el plan indicado para ella.
3Reconocerla
¿Qué hacemos frente a una hipoglucemia?
Primero, algo que parece obvio, pero que cuando estás frente a una baja puede olvidarse: hay que actuar. En términos generales, hablamos de hipoglucemia cuando la glucosa está bajo 70 mg/dL. Pero ojo: no todas las hipoglucemias se sienten igual y tampoco todas se presentan de la misma manera.
Puede aparecer hambre, temblor, sudoración, irritabilidad, palpitaciones, mareos, debilidad o sensación de ansiedad. También pueden aparecer síntomas más importantes, como confusión, cambios de comportamiento, dificultad para hablar o somnolencia. Y en una hipoglucemia grave puede existir pérdida de conciencia, convulsiones o incapacidad para comer o beber de manera segura.
Por eso, especialmente cuando hablamos de niños pequeños, no siempre podemos esperar a que ellos nos digan "mamá, estoy bajo". Muchas veces el sensor nos avisa antes. Y otras veces, como nos pasó a nosotras, el niño simplemente empieza a comportarse distinto.
4El rescate correcto
¿Qué le damos para subir una baja?
Acá viene una de las cosas más importantes: no todo lo dulce sirve igual para tratar una hipoglucemia. Cuando necesitamos subir rápidamente la glucosa, buscamos carbohidratos de absorción rápida.
Jugos
Líquidos que se absorben rápido, sin masticar ni digerir un alimento sólido primero.
Glucosa en gel
Diseñada específicamente para tratar hipoglucemias, útil cuando la persona puede tragar de forma segura.
Tabletas de glucosa
Otra fuente de carbohidratos de acción rápida, siempre considerando la cantidad indicada para cada persona.
Miel y mermelada 100% fruta
Lo que hoy nos funciona muy bien en el día a día — priorizando siempre lo más rápido y seguro en bajas intensas.
¿Y por qué insistimos tanto con lo líquido? Porque, en general, los líquidos pueden pasar y absorberse más rápidamente que un alimento sólido que primero debe ser masticado y digerido. Eso no significa que "líquido siempre sea mejor". Significa que cuando necesitamos una respuesta rápida y la persona puede beber de forma segura, puede ser una alternativa muy práctica.
Y acá aparece otro error súper común: "está bajo, le doy un chocolate". No. El chocolate no es la mejor opción para tratar una hipoglucemia. ¿Por qué? Porque aunque tenga azúcar, también contiene grasa y, dependiendo del producto, otros nutrientes que pueden hacer que la absorción de los carbohidratos sea más lenta. Lo mismo ocurre con alimentos con mucha grasa o fibra.
5Para las emergencias
¿Glucagón inyectable o nasal?
El glucagón es uno de esos elementos que ojalá nunca tengas que usar, pero que tienes que saber usar antes de necesitarlo. Su función es ayudar a elevar rápidamente la glucosa en sangre y se utiliza principalmente frente a una hipoglucemia grave — por ejemplo, cuando la persona está inconsciente, tiene convulsiones, no puede tragar o no puede recibir carbohidratos de manera segura.
Requiere preparación
Se prepara y administra siguiendo las instrucciones específicas del producto. Para algunas familias puede ser más complejo, especialmente en medio del nerviosismo de una emergencia, porque dependiendo de la presentación hay que preparar el medicamento antes de administrarlo.
Sin inyección ni mezcla
Puede resultar mucho más sencillo de administrar porque no requiere una inyección ni preparar nada. Se administra por la nariz siguiendo las instrucciones del dispositivo.
¿Significa que uno es mejor que el otro? No necesariamente. Lo importante es tener acceso al glucagón indicado para la persona, saber dónde está y, sobre todo, saber utilizarlo.
Un consejo: no basta con que tú sepas dónde está guardado. Enséñale a tu pareja, a los abuelos, a los cuidadores, profesores o a cualquier persona que pueda quedar a cargo de tu hijo o tuyo. Porque en una emergencia no quieres que alguien esté buscando el glucagón por toda la casa ni intentando entender cómo funciona por primera vez mientras tú tratas de mantener la calma.
Y acá una aclaración muy importante: el glucagón no se utiliza simplemente porque el sensor marque determinado número. No existe un "si está en X, entonces glucagón". La decisión depende principalmente de cómo está la persona y de si puede o no tratar la hipoglucemia de manera segura por la boca.
Si una persona está consciente, puede tragar y puede recibir carbohidratos de forma segura, generalmente el primer tratamiento será el carbohidrato de acción rápida indicado. En cambio, si existe una hipoglucemia grave y la persona está inconsciente, convulsiona, está muy alterada, no puede tragar o necesita ayuda de otra persona para recuperarse, ahí es cuando el glucagón puede ser necesario. Si se utiliza, hay que seguir el plan de emergencia indicado por el equipo tratante y buscar atención médica cuando corresponda.
6Una referencia, no una regla fija
¿La famosa regla del 15?
Probablemente han escuchado hablar de la famosa regla del 15. La idea general es consumir alrededor de 15 gramos de carbohidratos de acción rápida, esperar aproximadamente 15 minutos y volver a controlar la glucemia.
A veces vemos que la glucosa sigue baja a los pocos minutos y nos entra el pánico: "¡sigue bajo, dale más!". Y terminamos dando una cosa, después otra, después otra... hasta que finalmente la glucosa sube muchísimo. La idea general es darle el tratamiento indicado, esperar esos 15 minutos y volver a evaluar, siempre considerando el contexto y las indicaciones individuales.
Eso no significa quedarse de brazos cruzados si la persona está empeorando: si hay una hipoglucemia grave, síntomas severos o no puede ingerir carbohidratos de manera segura, estamos frente a otra situación y debemos actuar según el plan de emergencia. Pero en una hipoglucemia que estamos tratando normalmente, hay que darle tiempo al carbohidrato para hacer su trabajo.
Y acá hacemos otra pausa, porque también estamos hablando de niños: 15 gramos no necesariamente son los gramos que necesita cada persona. La cantidad puede variar según la edad, el peso, el tratamiento y las indicaciones del equipo médico. En nuestro caso, por ejemplo, Amelia utiliza una cantidad diferente a la que puede necesitar Vale.
Por eso no queremos que alguien lea "regla del 15" y piense automáticamente "mi hijo está bajo, entonces necesita 15 gramos". No necesariamente. Lo ideal es que cada persona con diabetes tenga definido con su equipo tratante cuántos gramos necesita para tratar una hipoglucemia.
Y después de esos 15 minutos, volvemos a mirar qué está pasando: la glucemia, las flechas, los síntomas y el contexto. Porque una cosa es estar en 65 mg/dL subiendo y otra muy distinta estar en 65 mg/dL con tres flechas hacia abajo.
7Según el momento
¿Líquido o sólido?
Cuando la hipoglucemia es leve, la persona está consciente, puede tragar y acepta alimentos, podemos utilizar carbohidratos de acción rápida según el plan indicado. Pero cuando estamos frente a una baja más intensa, especialmente en un niño pequeño que está somnoliento, confundido o rechazando alimentos, intentar meterle una galleta en la boca probablemente no sea la mejor idea — si no puede masticar o tragar adecuadamente, existe riesgo de atragantamiento.
Por eso, cuando la persona está consciente y puede beber de manera segura, los carbohidratos líquidos o los productos diseñados específicamente para tratar hipoglucemias pueden ser mucho más prácticos y, en general, actuar más rápido que un alimento sólido.
Pero ojo con otra cosa: no todos los líquidos son iguales. Para tratar una hipoglucemia queremos una fuente de carbohidratos que actúe rápido. No necesitamos darle un vaso de leche, un batido con grasa o un alimento que tarde más en digerirse. Queremos algo que cumpla su función: subir la glucosa.
Si una persona está inconsciente, convulsiona o no puede tragar de manera segura: NO debemos darle comida ni líquido por la boca. Ahí entra el glucagón y el protocolo de emergencia. Especialmente con niños pequeños, no podemos asumir que porque "necesita azúcar" va a poder tomarla o comerla sin riesgo.
8Después de corregir
¿Y cuándo damos un snack?
Esta es otra de esas preguntas que parecen fáciles... hasta que tienes diabetes tipo 1. "Ya traté la baja, ¿le doy algo más?" La respuesta es: depende.
Depende de cuánto falta para la próxima comida, de qué provocó la hipoglucemia, cómo está evolucionando la glucosa, cuánta insulina activa queda, si hubo ejercicio, qué tratamiento utiliza la persona y, por supuesto, cuál es su plan individual.
Si la siguiente comida está cerca, puede que no sea necesario agregar un snack adicional después de corregir, dependiendo de la situación. Pero si todavía falta bastante y existe riesgo de que vuelva a bajar —por ejemplo, porque todavía hay insulina activa o hubo actividad física— el equipo tratante puede recomendar un alimento adicional para mantener la glucosa estable.
No es lo mismo una baja antes del almuerzo que una baja dos horas después de una dosis de insulina. Tampoco es lo mismo una hipoglucemia durante la noche que una después de hacer ejercicio. Por eso es tan importante aprender a mirar el contexto y no solamente el número que aparece en el sensor.
9Detrás del número
Porque una hipoglucemia no es solamente "estar bajo"
Para quienes no viven con diabetes tipo 1, quizás ver un número bajo en el sensor parece simplemente eso: un número bajo. Pero quienes vivimos con esto sabemos que detrás de ese número aparecen inmediatamente mil preguntas:
- ¿Comió?
- ¿Cuánta insulina tiene activa?
- ¿Está subiendo o bajando?
- ¿Tiene una, dos o tres flechas hacia abajo?
- ¿Hizo ejercicio?
- ¿Está enferma?
- ¿Es de noche?
- ¿Está rechazando la comida?
- ¿Cuánto falta para la próxima comida?
- ¿Necesita solo corregir o también prevenir que vuelva a bajar?
Manejar una hipoglucemia es mucho más que "dar azúcar". Es aprender a reconocerla, tratarla, prevenirla y saber cuándo una situación deja de ser una hipoglucemia que podemos manejar habitualmente y se transforma en una emergencia. También es aprender a elegir qué carbohidrato dar, cuánto dar y cuándo volver a controlar.
Porque no se trata de darle cualquier cosa dulce. Se trata de darle una cantidad adecuada de carbohidratos de acción rápida, esperar el tiempo necesario para que haga efecto y volver a evaluar.
Y sí, después de vivir una situación como la que les contamos con Amelia, es completamente entendible que una baja nos dé miedo. A mí me dio miedo. Muchísimo. Pero también hemos aprendido que el miedo no puede ser quien tome las decisiones. La información sí.
Saber qué hacer. Tener los carbohidratos de rescate a mano. Tener glucagón. Saber cuánto necesita cada persona. Saber qué alimentos actúan más rápido y cuáles no son ideales para una emergencia. Esperar esos 15 minutos cuando corresponde. Y saber cuándo dejar de intentar solucionar una baja por nuestra cuenta y pedir ayuda.
Que quienes cuidan a nuestros hijos sepan actuar. Y, sobre todo, tener un plan previamente conversado con el equipo de diabetes.
Porque en diabetes tipo 1 probablemente vamos a vivir muchas hipoglucemias a lo largo de los años. Algunas serán simples. Otras nos harán correr. Algunas nos harán temblar del susto. Y otras probablemente quedarán para siempre en nuestra memoria.
Cuando alguien está bajo, se da azúcar. No insulina.
Recuérdaselo a toda tu familia y amigos.
10Nos vemos pronto
Prepararnos es lo que nos devuelve la calma
Si tienes tips que a ti te han funcionado para tratar una hipoglucemia, o preguntas sobre tu propio plan de rescate, déjanos un comentario. Nos encanta seguir aprendiendo juntas como comunidad.
Escrito por Cote (mamá de Amelia) y Vale — las dos detrás de SAM.